jueves, 21 de junio de 2007
Capitulo 13: Bea y los hermanos de sangre
Álvaro era apocado, inseguro, falto de ímpetu, con fachada de líder pero corazón pacífico, dulce y tierno cuando se lo permitían y te miraba de una forma en la que sabías que te hablaba con los ojos. Y los ojos de Álvaro decían Te quiero con toda el alma cada vez que la miraban a ella. Aunque ella jamás lo admitiese delante de él.
En cambio, Gonzalo... Gonzalo engañaba a primera vista. Su porte de donjuán, su sonrisa picarona y esa manía de no hablar nunca completamente en serio le dan la imagen de un ser frívolo, carente de valores y que no buscaba otra cosa más que su propia satisfacción personal. Gonzalo era más que eso. Escondía tanto que el día que decidiese sacarlo a la luz, alguna encantadora señorita maldeciría no haber aprovechado la ocasión cuando estuvo a tiempo.
Álvaro le había mentido y mucho durante su relación, pero a quién más engañó fue a sí mismo. Porque la amaba, tal vez antes incluso de esa noche del cobertizo, tal vez antes de ese beso robado en el ascensor... En el viaje a Oropesa, cuando paseaban por la playa (ahora se sentía como una tonta por recordarlo como algo especial), cuando su mano se unió a la de Álvaro; o ante la Boca de la Veritá, cuando él le dijo que era la mujer más importante de su vida (claro que, en ese momento, las razones eran otras)...
¡Álvaro!
¿Cuándo su mente dejaría de provocar un estremecimiento general con sólo pronunciar ese nombre? ¿Podría una sola persona recordarte el momento más hermoso y el más horrible de tu vida?
Ella era la prueba evidente de que sí.
Ahora le tocaba hacer frente a la situación, luchar juntos, le había dicho Gonzalo. Somos un equipo y tenemos un objetivo. Pero esa carta le había hecho ver que, quizás, ella no tenía su objetivo tan claro como pensó en un primer momento.
Tenía que hablar con Álvaro. Tenía que poner muchas cosas en claro. Tal vez incluso hablar con los dos a la vez, para evitar que una amistad como aquella, lleno de afecto fraternal, se rompiese por su causa.
Si había llegado a conocer un poco a Gonzalo, y daba por seguro que sí, ahora estaría en Bulevar recriminándole a Álvaro algo que, de tratarse del mismo juego de siempre, el de engañar a la boba de Bea le hubiese parecido un acierto total. Pero claro, ahora jugaba en campo contrario y necesitaba echar balones fuera.
En realidad, no temía por Gonzalo. Por muy enfadado que estuviese, jamás le pondría un dedo encima a Álvaro, lo adoraba... Tanto, que esta situación lo estaba matando por dentro.
Pero Álvaro era de los de "actúa primero y piensa después". Simplemente se dejaba llevar. Por eso tenía que ir a Bulevar.
En Bulevar, las cosas no pintaban bien. Álvaro provocaba a Gonzalo para que tuvieran un enfrentamiento. A pesar de que su amigo lo tenía cogido por el cuello de la camisa y estaba prácticamente arrinconado, Gonzalo le dijo con toda calma:
-¡No voy a pegarme contigo, Álvaro! Así me partas la cabeza, no te pondré un sólo dedo encima. ¡Lo entiendes! Así que grita, zarandéame o insúltame cuanto te de la gana...
-¡No te comprendo! ¿Es que no estás furioso?
-Lo estoy y, aunque ahora mismo desearía romperte esa cara de bobo, no voy a hacerlo.
-¿Por qué?
-Porque sólo tardaría medio segundo en arrepentirme de haberlo hecho. Eres mi hermano, Álvaro, mi hermano de sangre, ¿recuerdas ese juramento?
-¡No quiero recordar! Quiero odiarte, Gonzalo, y para conseguirlo, necesito que me pegues.
-Ya te he dicho que no, así que... O me pegas de una vez o me sueltas la camisa que me la vas a hacer polvo, macho.
-Yo tampoco puedo pegarte -dijo, soltándolo después de un rato.- Pero ya no podemos ser hermanos, Gonzalo, no cuando no puedo confiar en tí. Me arrebataste a Bea.
-De acuerdo. En ese caso, me marcho -dijo, recomponiendo su camisa algo arrugada.- Sólo una cosa más: yo no te arrebaté a Bea, tú la perdiste. No se recupera al amor de tu vida sentado desde la silla de un despacho, sino buscando hasta encontrar; insistiendo hasta triunfar y triunfar siendo feliz, Álvaro.
-¿Fue lo que tú hiciste?
Gonzalo salió por la puerta del despacho, sorprendiendo a las chicas en plena sesión de escuchas ilegales.
-¡¡¡Buenaaas taaaardes!!! -las saludó en tono jocoso.- ¡Que os aproveche el cotilleo!
Lo vieron entrar en el ascensor y Jimena suspiró.
-Jamás voy a superar este momento. Nunca volveré a ver a Gonzalo de la misma forma. ¡¡¡Uhmmmm, qué hombre!!!
-¡¡¡Jimena!!! -gritaron a coro.
miércoles, 20 de junio de 2007
Capitulo 12: Gonzalo también siente
-Gonz...Gonzalo, yo... yo necesito sentarme. ¡Ahora! -dijo, prácticamente desplomándose.
-¡Beatriz! -gritó Gonzalo, lanzándose a cogerla.
-¡Aire, me falta aire, Gonza!
-¡Camarero! -gritó. Y comenzó a abanicarle con la revista.
Pasado el susto inicial, Beatriz le acercó el editorial. Gonzalo leyó despacio. Tenía que reconocer que su amigo sabía jugar sus cartas.
Acompañó a Bea al hotel y, tras comprobar que estaba bien instalada, se marchó a Bulevar.
Entró en la recepción como una apisonadora. Ignoró a todos cuantos le se saludaban a su paso y se dirigió directamente a Bárbara. Llevaba un ejemplar de Bulevar en la mano.
-¡Dile a Álvaro que voy subiendo! -le gritó.
-Pero yo no soy su.... -no le dio tiempo a tiempo.
-¡¡¡Haz la maldita llamada, Bárbara!!!
-¡¡¡¡Pero, bueno!!!! ¿Es que es el año de "Ataquen a la recepcionista"? Con stress no se puede trabajar... Mis poros sufren.
Hacía rato que Gonzalo ya había subido.
Entró en el ascensor y, mientras subía, volvió a hojear el editorial. ¡No se lo podía creer! Pero, si Álvaro no era capaz ni de.... ¿Cómo había podido escribir eso? ¿Seguro que no era suyo?
Las puertas del ascensor se abrieron y todas las chicas del 112 se quedaron mirando.
Gonzalo no dijo nada. Simplemente entró en el despacho de Álvaro y dio un portazo.
-¿Me quieres explicar que es esto? -le gritó, mostrando la revista abierta por la página en cuestión.
-Parece un editorial -contestó Álvaro con toda la calma.- Tú deberías reconocer uno, Gonzalo, no hace mucho trabajas aquí.
-¡Álvaro, no me torees, no me torees! ¿A qué viene esto?
-Está claro lo que dice. Creo que no necesita más explicación.
-¡Yo la necesito! Beatriz es la mujer con la que voy a casarme.
-No, si yo puedo evitarlo. Gonzalo, amo a Beatriz con todas las fuerzas de las que soy capaz, tú deberías saberlo mejor que nadie. Así que perdóname si doy un poco de batalla antes de perderla definitivamente.
-¡No te das cuenta, ¿verdad?! Eres un punto y aparte en su vida, Álvaro, un capitulo cerrado.
-Pues, Bea jamás será capitulo cerrado para mí -Álvaro se entristeció de repente.- Gonzalo, de todos los hombres en el mundo, ¿por qué tú? ¡No lo entiendo! Yo me habría resistido con todas mis fuerzas antes de ponerle un dedo encima a la mujer de la que estuvieras enamorado.
-¿Crees que no lo intente? ¿Crees que esto es fácil para mí?
-Debe serlo. Tardaste apenas seis meses en convencerla y todavía tienes la desfachatez de presentarte aquí a pedirme explicaciones.
A estas alturas, las chicas del 112 ya tenían más que pegado el oído a la puerta del despacho y, por supuesto, estaban alucinando de todo lo que estaban oyendo.
-¡¡¡Gonzalo!!!! -casi gritó Elena.
-Pero, ¿qué le pasa a Beatriz? -se ofuscó Jimena.- No hay color entre Álvaro y Gonzalo.
-¡O a lo mejor, sí, nena! ¿Recodáis lo del "pequeño problemilla de Álvaro" con su pistolita? -sugirió Chusa.
-¡¡¡María Jesús!!! -exclamó Benito.
En el despacho, la discusión subió de tono. Álvaro comenzaba a impacientarse al ver a Gonzalo hablar de Beatriz como algo suyo. Parecía que realmente la amase.
-Gonzalo, deja de hablar de Beatriz en esos términos, porque no quiero escucharte.
-Pues, lo siento. Lo vas a oír. Yo te escuché clamar y declamar tu amor por Beatriz, pero... Nunca fuiste sincero contigo mismo. Te avergonzabas de ella, Álvaro. Si no, hubieras gritado a los cuatro vientos cuanto la amabas sin importarte lo que pudieran pensar los demás.
-Te olvidas quién fue el artífice de todo, Gonzalo. Tú. Tú me obligaste a.... -Álvaro sabía que sonaba a pobre excusa.
-¿A qué, Álvaro? ¿A engañarla, a engatusarla de nuevo? -se adelantó Gonzalo.- Si tus sentimientos hubiesen sido sólo la mitad de profundos de lo que asegurabas, poco te hubiera importado lo que yo tuviese que decir al respecto. Pero, no. Tú lo querías todo, ¿verdad? La chica perfecta, la empresa perfecta, el amigo perfecto....Al final, lo has perdido todo y estás aquí, solo.
>>Fui a buscarla, Álvaro. Y fui por tí. Quería convencerla para que al final volviese contigo, pero... Algo pasó en el camino. Y lo que empezó siendo un cúmulo de buenas intenciones se ha convertido en amor. Al principio,.... Sinceramente, al principio mi reacción fue muy parecida a la tuya. Incredulidad. Más tarde,... Bueno, me parecía algo tan irrealizable porque ella estaba enamorada de tí, de mi mejor amigo, de mi hermano... ¿Cómo iba yo a...? Pero de pronto una sonrisa aquí, un detalle allá y... Álvaro, puedo imaginarme cuánto te duele perderla porque yo no imagino mi vida sin ella.
-¡Déjalo, Gonzalo, no sigas!
-¡NO! -gritó Gonzalo.- Si voy a perder tu amistad, quiero que sepas que no es por algo banal, Álvaro. Juro que me arrancaría el corazón para no sentir lo que siento, pero... -Gonzalo está al borde de las lágrimas.- ¡¡No lo puedo evitar, Álvaro!!! Y ella me quiere.
-¡No quiero oírte! -dijo, lanzándose hecho una furia sobre él y cogiéndolo por el cuello.- ¡No me importa lo que sientas, no me importa lo que digas, no me importa que lo lamentes, no me importa que no hayas podido evitarlo! ¡Voy a recuperar a Beatriz, la voy a recuperar o dejo de llamarme Álvaro Aguilar!
martes, 19 de junio de 2007
Capitulo 11: Se publica el editorial
-Diego de la Vega en mi despacho una vez más, porque... -dijo, comprobando la placa de su puerta.- Éste sigue siendo mi despacho, ¿verdad?
-A juzgar por el tiempo que pasas aquí, no.
-A ver, a ver -vuelve a mirar la placa.- ¿Pone aquí Diego de la Vega, el funébre embargador? ¡Oh, no! ¡Vaya sorpresa! Pone "Álvaro Aguilar". Lo que quiere decir... -dijo, elevando su tono de voz de repente.- ¡Diego, levanta tu enlutado culo de mi silla! ¡Ahora!
-Alvarito, Alvarito, por tu modo de hablar se diría que eres el director de esta empresa... Y te recuerdo que eso es ahora tarea de tu chacha.
-Me he propuesto ser amable contigo, Diego, así que... Por favor, levántate y lárgate a deprimir a otro.
-He venido a proponerte algo.
-Nada de lo que tú me propongas puede interesarme.
-¿Qué te pasa? No sabes pensar solito, sin la buena de Beatriz a tu lado.
-Diego, por favor, déjame trabajar.
-¿Echas de menos a la mejor parte de ti?
-Por primera vez en tu vida, voy a darte la razón en algo. Beatriz era lo mejor de mi vida.
En ese momento, entra Sonsoles en el despacho.
-Álvaro... -se interrumpió al ver a Diego.
-¡Y ahora la chacha! -gritó Diego, como si fuese el presentador de un circo de tres pistas.
-Señora Directora Chacha, Dieguito, y cuidado no juegues conmigo, neng, que a mala leche no me ganas ni soñando.
-¡Uy, qué miedo! -se burló Diego.- Cuando yo lleve esta empresa...
-¡Mira que es cansino el tío, eh! -le dijo Sonsoles a Álvaro.- Tol día deambulando por Bulevar como un espíritu errante, uno maligno, claro está con su -pone voz grave e imita a Frankenstein con los brazos estirados- "Te vooooooy a embargaaaaaaaaaar, no impoooorta lo que me cuesteeeeeeee. Yo dirigiré Bulevaaaaaaar"
A Álvaro le da la risa, no sólo por ver a Sonsoles, sino por la cara de Diego.
-Cambia el repertorio, hijo, que es que está mu visto ya. ¡¡Fíjate que yo te imagino con camisa de esa de cuellos enormes y cantándote algo de los Chichos, mira tú que puntos me dan a mí.
-Ríete, Sonsoles, ahora que puedes... -amenazó Diego.
-Mira, Diego, hijo, desengomínate y canta conmigo: "Porque todo lo que embargas tú/ Son ilusiones/ No Bulevar/ Son ilusiones/Vete de aquí/Son ilusioneeeeeees -le canta, palmea y baila Sonsoles.
-¡Panda de payasos descerebrados! -exclama Diego furioso y se va dando un portazo.
-¡¡Anda, tira y no se te olvide cerrar al salir!!! -Sonsoles se ríe a carcajada limpia.
Aún ríe cuando se sienta frente a Álvaro.
-¿No crees que te has pasado un poco con él?
-¿Con Diego? ¡¡¡¡Jamás!!!! Es que le veo esa cara de avinagrao y ese pelo to tieso y es... como un acto reflejo. Tengo que cabrearlo. Va tan justito de sentido del humoooor...
-¿Y tú viniste para....?
-¡Uy, pos no que se maolvidao! -exclama Sonsoles.- ¡Ah, sí! ¿Sabemos algo de la parejita?
-No, de momento, no... -dijo Álvaro con una sonrisa.- Pero sabremos.
-Y tú, ¿por qué estás tan sonriente y tan misterioso si hasta ayer andabas por los rincones llorando por haber perdido al amor de tu vida?
-Lo descubrirás, Sonsoles, y antes de lo que imaginas.
-¡Los hombres sois mu raros! ¡Y en Bulevar más!
Por primera vez desde la marcha de Bea, Álvaro pudo dormir tranquilo. Estaba en el camino, había dado el primer paso. Iba a recuperar a Bea.
Días más tarde, las chicas estaban en la cafetería de Bulevar desayunando y poniéndose al tanto de la prensa rosa.
-Chicas, ya hemos releído eso una y otra vez -propuso Jimena.- ¿Por qué no vemos el catálogo de bañadores de Century Men?
-¡Ay, nena, es que tienes ese catálogo mu sobao! -se quejó Elena.- ¡Fíjate si es así, que al maromo de la portada se lan borrao los pelillos del sobaco!
-Pero, ¿qué dices, Elena? Los hombres del siglo XXI vienen con el depilao de serie -la corrigió Chusa.
-Y, hablando de hombres del siglo XXI -siguió Elena.- Niñas, tal vez podríamos echarle una manilla a Álvaro con lo de Bea. Es que me da una lastimica el pobre.
-¡Ay, sí! -suspiró Jimena, poniendo cara de boba.- Se le veía tan mono, ahí con sus sentimientos y sus cositas por Bea...
-No creo que la necesite, chicas -dijo Benito.- Mirad el editorial del nuevo número de Bulevar.
Todas le arrancaron prácticamente la revista de las manos y gritaron a coro:
-¡¡¡Es Bea!!!
-Pues, cuando leais,... -dijo Benito, con las lágrimas saltadas, levantándose.- Chicas, me voy al baño que no quiero que me veáis así.
Al otro lado de Madrid, en una cafetería de una céntrica plaza, Gonzalo también desayunaba acompañado de Bea, que se había acercado a comprar la prensa financiera. Junto a los periódicos de rigor como Cinco Días o Mi cartera de inversión encontró el nuevo número de Bulevar.
En la portada estaba la nueva sensación francesa, mujer de verdad y nuevo fichaje en exclusiva de Bulevar: Dedette Dusson.
Últimamente, Bulevar no utilizaba a modelos en sus portadas, sino a mujeres de bandera y Dedette era toda una pionera. Se había convertido en la nueva Road Manager de la Gira "Papito" de Miguel Bosé.
Al mirar más detenidamente la portada, observó que en una esquina, casi escondida, aparecía su foto. Y bajo ella, el siguiente titular: "Especial Editorial: Se respira amor en Bulevar".
Pagó las revistas y los periodicos y caminó hasta la mesa donde Gonzalo la esperaba. Buscó el editorial. Página 3. Vio su foto a todo color y entonces comenzó a leer.
Para cuando llegó a la mesa, ya estaba completamente absorta. Gonzalo le hablaba y no acertaba a articular palabra.
Eran sus palabras, las de Álvaro. No sólo se había admitido a sí mismo lo que sentía por ella, sino que lo compartía con los millones de lectores de Bulevar.
Ella había deseado tanto que llegase ese momento, que él dejase de esconder su amor por ella, y elegía precisamente ese instante para hacerlo...
Capítulo 10: Cayetana, enemigo a batir
-¿Esto es una broma, Álvaro?
-No, no es ninguna broma, Caye. Necesito que lo cueles en el próximo número.
-¿Quieres que publique un editorial en el que te declaras a tu secretaria?´-le preguntó Cayetana.- ¡Estás mal, Álvaro, muy mal!
-Caye, si algo te importo, haz esto por mí.
-Pero si publico esto, cosa que no voy a hacer porque me parece una soberana mamarrachada, todo el mundo lo sabrá.
-Ésa es la idea.
-¡No puedo hacerlo!
-¿Por qué? -casi le grita, desesperado.
-Primero, porque el número se cierra hoy mismo; segundo, porque el editorial lo escribe el director, es decir, Sonsoles; o en su defecto, la directora de contenidos, que soy yo. Y, por último, no pienso publicar semejante sarta de estupideces para calmar tu ego y encima hacerte de alcahueta con tu secretaria -le soltó de golpe y sin apenas respirar.
-La amo.
-Pero, ¿qué dices? -rió Cayetana con desgana.- Definitivamente has perdido el norte, Alvarito.
-Juro que es verdad, Caye. Cada una de las palabras que....
-No pienso seguir escuchando -Cayetana se gira para tirar el artículo a la papelera, pero él la toma por el brazo y la detiene.
-¿Recuerdas todos esos reproches que me hacías sobre tus sentimientos, sobre lo de sentirte amada, la necesidad constante de las miradas del otro, de desesperarse por una sonrisa... -Álvaro se interrumpe para comprobar si sus palabras tienen el efecto deseado.- Pues, yo siento eso...
-Por Beatriz -termina ella, echándole un último vistazo a la carpeta.
-Sí. Tú sabes lo qué es ese dolor infinito en el pecho, Caye... Lo sabes porque yo nunca te amé como te merecías.
-No sigas, Álvaro.
-Si hubieses tenido al alcance de tu mano la oportunidad de recuperar al amor de tu vida, aunque ello significase enfrentarte a todo y a todos... ¿No lo habrías hecho?
-Sí -admitió, dedicándole a Álvaro una larga mirada. Estaba bajando la guardia.- De todas formas, no veo qué diferencia hay entre tu historia y la mía. Ya la has perdido.
-Aún tengo esperanzas, Caye. Y una de ellas eres tú.
-Es irónica la vida. Para que conserves tus esperanzas, yo debo renunciar a las mías porque, cuando publique esto, tanto si acepta como si no, te habré perdido para siempre.
-¿Cuándo lo publiques? Eso quiere decir que.... -comenzó Álvaro.
Se acercó a Cayetana, la abrazó y le dio un beso en la frente
-Acabas de hacerme el hombre más feliz de la Tierra.
-Por una vez, al menos, te haré tan feliz como mereces.
-Caye... No tengo palabras.
-¿De verdad estás enamorado de la fea.... perdón de Bea?
Cayetana no esperó una respuesta. Volvió a echar un vistazo al editorial y lo miró a los ojos:
-Debes estarlo si lo que sientes por ella te hace escribir así... A ti, que te cuesta escribir hasta la dedicatoria en un regalo. A mi siempre me ponías lo mismo: "Con mis mejores deseos, Álvaro Aguilar".
-Siento no haber sido el hombre que esperabas.
-No te disculpes, Álvaro, tal vez no supe llegar a tu corazón tan bien como lo hizo ella.
Cayetana intentó cambiar el tono porque, aunque se esforzaba, le dolía tener que admitir que Álvaro empezaba a formar parte de su pasado.
-En cuanto a esto, no te prometo nada. Pero puedes confiar en que haré todo lo que pueda para que lo veas publicado.
-¡Gracias, Caye, gracias! ¡Me estás dando la vida!
-¡Sal de aquí antes de que me arrepienta, Romeo! -le dijo con una sonrisa.
Álvaro no podía creer en su suerte. Cuando entró en el despacho, pensó que Cayetana lo iba a char con cajas destempladas, sin importar lo mucho o poco que pudiera sufrir por ese amor no correspondido, pero...
Ella lo había amado una vez, tal vez aún lo amaba lo suficiente como para reconocer esos sentimientos.
Eso le daba nuevas esperanzas. Un amor de verdad no podría reemplazarse en cuestión de meses. No era posible (o al menos él se negaba a creerlo) que Bea hubiese olvidado todo lo que habían vivido de un plumazo . No, cuando él aún sentía escalofríos al recordar los besos en el despacho, su primera noche... Esa noche que cambió para siempre el rumbo de sus sentimientos.
Pero Beatriz seguía sin creer en él. Recordaba aquella conversación en el ascensor, cuando intentó en vano una vez más convencerla de que la quería con toda el alma. Que todo había empezado como un juego y que el juego se convirtió en una realidad tan grande, tan hermosa, que no pudo fingir más.
>> Sabes que estoy enamorado de ti, en el fondo de tu corazón lo sabes. Hay cosas que no se pueden fingir.
>> Yo sólo le conozco fingiendo.
Esas palabras estaban grabadas a fuego en su cabeza. Era algo de lo que no podía deshacerse por mucho que quisiera. Había mentido tanto que ahora pagaba a precio de oro cada una de aquellas mentiras. Pero, echando la vista atrás, también le prometió que no iba a perderla.
- ¡Y no lo haré! -se dijo a sí mismo para infundirse valor, mientras abría la puerta de su despacho.
-¿Qué es lo que no harás, Alvarito? -le sorprendió la voz de Diego, que estaba perfectamente acomodado en la mesa de su despacho.
Diego de la Vega era experto en hacer apariciones sorpresas. Álvaro se preguntó qué vendría buscando.
lunes, 18 de junio de 2007
Capítulo 9: Sin dejar de intentar
- Mamá, ¿estás bien?
-Sí, hijo. No sé qué me ha pasado... He tenido una pesadilla horrible en la que me decías que estabas enamorado de tu secretaria, ¿te imaginas el bochorno?
-No ha sido una pesadilla, mamá. Estoy loco por Beatriz, pero la perdí por no saber demostrar lo mucho que la amo.
-Pero, hijo... ¡¡¡Beatriz!!!!
-Bueno, y ¿qué tiene de malo Beatriz, si se puede saber? -le contestó Jimena.
-Miré usted, señora, que yo no ma rrepentió nunca de ejercer de buena samaritana con nadie -comentó Elena.- Y va usted a tener el honor de ser la primera...
-Bea es un "alma cándida", ¿no, Elenilla? -comentó Benito.
-Así se habla mi Beni -comentó la propia Elena.
-Bea es un ángel -siguió Marga.- No pudiera desear una madre una mujer mejor para su hijo.
-Está visto que aquí estoy en minoría -dijo Titina, reincorporándose.- No dudo de la bondad de Bea y de sus muchas cualidades como esposa, pero no es lo bastante buena para mi Álvaro.
-No, mamá, te equivocas. Soy yo quién no la merezco. Tal vez por eso la perdí.
-¡Ay, por Dios, si está más pillaico que la cuenta de la Barbie a final de mes! -suspiró Elena.
Una vez la señora se recuperó, las chicas decidieron retirarse porque no podían responder de sus buenos modales si esa señora seguía cargando contra Bea.
Todas se quedaron tremendamente asombradas de la repentina declaración de su exjefe.
- Ya os dije que aquí había gato encerrao -repitió Elena.
-Sí, hija, sí -le siguió Jimena-, pero quién iba a imaginarse que el Divino del Jefe pondría sus ojos en Bea... ¡Y no lo digo porque Bea no lo merezca, sino por los antecedentes del propio Álvaro.
-Entonces, ¿creéis que ese anillo que luce Bea es de Álvaro? -conjeturó Marga.
-No, no, no... Acuérdate que ha dicho que la ha perdió -les recordó Elena.- Debe haber otro por ahí que está loquito por los huesos de nuestra Bea.
-¡¡¡Vaya con el sexappeal de las secretarias!!! - se rió Benito.- No, si va a resultar que yo me equivoque de profesión... Las secretarias no pueden ser becarias, ¿no?
-¡Ay, Benito! ¡No des tanta murga y concéntrate, que ahora estamos en otra cosa! -le pidió Jimena.- ¿Quién será el misterioso pretendiente de nuestra Bea?
-Esto requiere un 112 mañana a primera hora para investigar los posibles candidatos al corazón de Bea -sugirió Chusa.
-Yo creo que es Gonzalo -dijo Benito con convicción.
-¿Gonzalo? -repitió Marga.- ¿Gonzalo De Soto? ¡¡¡Esa sí que sería buena!!!
-Acor... Acordaros, chicas, que los vi en el parking cogiéndose de la manita -siguió Benito.
-Benito, eso es un imposible. Gonzalo es un picaflo y lo será toa la vida. No lo puede evita, lo lleva ahí incrustao en el adn -señaló Elena.
A la mañana siguiente, Álvaro llegó a la revista a primera hora. Subió a su despacho e intentó imprimir algo por primera vez en su vida. Era algo en lo que había estado trabajando toda la noche, después de la larga discusión que tuvo con su madre sobre la inconveniencia de su amor por Bea.
Ahora necesitaba la colaboración de una persona importante en esta revista. Se acercó al despacho de Cayetana, no sin miedo, pero sabía que debía encontrar las palabras adecuadas para convencerla de algo que, estaba seguro, iba contra todo lo que ella había esperado de él.
A pesar de que ya no eran pareja, a pesar de los continuos enfrentamientos por Diego, por Bea, por la dirección que tomaba Bulevar, Álvaro sabía que Cayetana guardaba la secreta esperanza de recuperarlo. Sólo él sabía con claridad cristalina que eso no era ya posible.
Y, probablemente, con lo que estaba a punto de hacer, a ella tampoco le quedaría ya la menor duda.
-Cayetana -llamó antes de entrar.
-Pasa -le pidió ella, que acababa de llegar.- Hoy has madrugado.
-Tenía cosas pendientes.
-Voy a bajar a desayunar, ¿me acompañas? -le sugirió utilizando ese tono de voz que él tan bien reconocía.
-No, Caye, en realidad, voy algo pillado de tiempo. Necesito que me hagas un favor enorme.
-¿Qué clase de favor?
- No del que estás pensando, Caye -dijo, retirándose de ella.- Tú y yo ya no funcionamos en ese plan.
-Será porque tu no quieres, Álvaro -le contestó acercándose de nuevo..
-¡Exacto! ¡No quiero! -contestó tajante, a la vez que la forzaba a separarse de él.- Y ésta es la razón.
Ya había escrito a Beatriz antes, en la agenda que ella misma le regaló. Pero la desesperación de saberla perdida, el dolor insoportable de no recibir cada mañana el regalo de sus sonrisas, la lastimosa manera en todo terminó entre ellos... Todo eso era más alentador para él, para que sus sentimientos fluyesen, que cualquier curso de escritura creativa que hubiese podido seguir.
Cayetana abrió la carpeta y sólo ver la foto ya la puso de mal humor. No iba a tenerlo fácil, Cayetana no iba a ponérselo fácil.
He aquí lo que Cayetana descubrió dentro de la misteriosa carpeta.
Capitulo 8: Visitas
Se echó en la cama y marcó el número de Bea miles de veces pero no conseguía hacer la llamada. Por fin encontró el valor suficiente:
-¿Dígame?
-Beatriz -su voz temblaba sólo con escucharla.
-¿Álvaro?
-¡No digas nada, Bea! Sólo... sólo escúchame. Yo sé que no he sido el hombre más perfecto, sé que no he sabido demostrarte lo mucho que te amo, sé que te he tratado de manera vil, he sido cruel y mezquino contigo... Pero ahora lo estoy pagando, Beatriz. Estar enamorado de tí, saber lo que es tenerte, sentir tus besos, tus miradas, hacerte sonreír... y luego perderte es como un castigo divino.
-Triz -sonó una voz al fondo. Era Gonzalo.- Estoy llamando al servicio de habitaciones, ¿quieres algo para cenar?
-No -contestó.- Pide lo que tú quieras.
-¿Está él ahí contigo? -le preguntó la voz al otro lado del teléfono.
-Sí.
-¿Le quieres, Bea? ¿Tanto como a mí?
-¡Álvaro, no te hagas esto, por favor! No pretendemos hacerte daño, pero hay ocasiones en las que no puedes evitar...
-¿Qué hizo, Bea? ¿Qué pudo decirte para que cambiaras de opinión tan radicalmente?
-Me escuchó, Álvaro. Me abrió el corazón, me dijo lo que necesitaba oír e hizo lo que necesité que hiciera. Prometió ser sincero y hasta ahora lo ha cumplido. Cuida de mí y, sobre todo, no me oculta como si fuese algo de lo que avergonzarse.
-Yo jamás te oculté.
-No quiero hablar de eso ahora, pero sabes que no es verdad.
-Bea, dame otra oportunidad, por favor.
-Voy a colgar, Álvaro. Gonzalo viene hacia aquí.
-Beatriz, por favor.
-Buenas noches.
Álvaro quería morirse. Beatriz no pensaba ya en él. No recordaba sus palabras de amor, no añoraba sus besos ni sus caricias... Ahora había otro hombre en su vida.
Llamaron a la puerta y Álvaro maldijo su suerte. A estas horas, siempre solía ser Gonzalo buscando un sitio donde comer, pero esa posibilidad ya no existía. Gonzalo estaba en el lugar donde debía encontrarse él. Al lado de Beatriz.
Abrió la puerta y lo que vio le provoco dolor de cabeza al instante.
-Mamá, ¿te has fijado en la hora qué es? No son horas de visita.
-Esto no es una visita -dijo, aún en la puerta, Titina. - Soy tu madre. ¿Vas a dejarme pasar o no?
-Adelante -dijo, abriéndole paso.- ¿Y papá?
-Durmiendo en casa. Al parecer, él no cree que tengas un problema.
-Y tiene razón. No lo tengo.
-¡Mira, hijo! Yo te parí,¿sabes? Y es normal que no lo recuerdes, pero fueron 10 horas de doloroso parto. Creo que te conozco mejor de lo que puedas creer.
-A ver, mamá, cómo tengo que decirte que estoy bien.
-Y lo de Gonzalo hace unas semanas y el destrozo del despacho y la desgana son imaginaciones mías, ¿no?
-Eso fue un error. Tuve un mal día.
-Álvaro, no me torees que yo no soy la boba de tu secretaria, ¿eh?
-Mira, no quería decirte esto para no hacerte daño, pero acabas de pisotear mi buena voluntad con tu última frase, así que siéntate y prepárate a escuchar esto por muy poco que guste.
Volvieron a llamar a la puerta. Álvaro se quedó petrificado.
-Pero, bueno, ¿esto qué es?
Abrió la puerta y lo que vio le sorprendió aún más. El 112 al completo.
-¡Chicas!
-¡Oye, y yo, qué! -se quejó Benito.
-¡Calla, Benito, calla! -pidió Elena.- ¡Buenas noches, Álvaro! Entendemos que estas son unas hora un tanto intempestivas pa venir a hacer una visita pero es que.... Estamos en un sinvivir y pensamos que tal vez tú sabrías algo.
-No entiendo ni una palabra -admitió Álvaro.
-Yo tampoco, que conste -contestó Benito.- Pero a ver quién es el guapo que se niega a acompañarlas.
-Necesitábamos protección -informó Chusa.
-¡Amos qué yo! Menuda pieza tenía que ser el caco pa meterse con alguna de ustedes, mucho menos con las cinco a la vez.
-Bueno, al kit de la cuestión, nenas, que nos dispersamos y no terminamos nunca -riño Elena.- Tamos preocupas por Bea.
-Pues lamento no poder ayudaros al respecto -mintió Álvaro.
-Pero Bea y tú, Álvaro, siempre habéis tenido muy buena relación -recordó Chusa.- Y pensamos que tal vez tú sabrías dónde está y qué esta pasando con ella.
-Se me acaba de ocurrir algo, pasad.
Las del 112 se quedaron a cuadros cuando Álvaro les pidió que entrasen.
-¡Qué buen gusto! Me encanta el color de los mueble. Estupendo todo combinao -comentó Elena.
-Y la cocina, preciosa -siguió Chusa.
-¡Que limpio todo, por dios! -continuo Marga.
-Chicas, dejad el marujeo para otra ocasión y saludad a doña Titina -pidió Benito.
Todos se quedaron con la cara blanca. No entendían que hacían allí si Álvaro tenía a su madre de visita.
-Sentaos, por favor. Tengo algo importante que deciros.
Tomaron asiento y se dispusieron a escuchar a Álvaro.
-Nos va despedir en bloque -susurró Benito a las chicas.- Os advertí que no era una buena idea venir a molestar al jefe a estas horas.
-¡No seas rajao, Benito! -le espetó Jimena.
Álvaro daba vueltas arriba y abajo alrededor de la mesa, eligiendo las palabras adecuadas.
-Vale... Vosotros sois las mejores amigas de Bea -comenzó Álvaro.- O al menos las únicas que conozco a parte de Santi. Y tú -siguió dirigiéndose a Titina- eres mi madre, la mujer que pasó diez horas de parto para traerme al mundo, pero tal vez no me conozcas tan bien como crees. Sois las personas adecuadas para lo que pretendo hacer, mi punto de partida...
>>He encontrado a alguien especial en mi vida, alguien que me conoce de pies a cabeza, que me hace sentir completo, que sabe de mis esperanzas y mis sueños, que acepta sin condiciones tal y como soy, que no se ríe de mí cuando le digo que sueño recorrer el mundo en un barco. Una persona que me ha abierto los ojos al amor, que me mira y me hace desear ser mejor persona, que me sonríe y me regala el mundo, que es leal hasta el extremo, que me apoya incondicionalmente y que me canta las verdades a la cara...
Alguién a quien he perdido por no hacer lo que estoy haciendo ahora. Decirle al mundo lo mucho que la amo.
A estas alturas del partido, las de 112 ya lloraban, Benito se esforzaba en mantenerse entero y Titina no entendía nada.
-¿Has roto con Cayetana, hijo?
-Con Cayetana rompí hace mucho, mamá. La mujer de la que habló, esa mujer de la que estoy enamorado es Bea.
-¡¡¡¡BEA!!! -gritaron todos a coro, Titina incluida.
-Bea, mi niña Bea, mi ángel guardián. La amo como jamás pensé que se podía amar a alguien.
-¿Beatriz, la secretaria? -quiso confirmar Titina.
-Sí, mamá. Beatriz.
-¡Ay, Dios! -dijo Titina. Y acto seguido, se desmayo.
Las chicas se levantaron corriendo para ayudarla. Elena se acercó a ella y comenzó a abanicarla con uno de los pañuelos que les habían servido durante el emotivo discurso.
-¡Estupendo! Acabamos de matar a la esTitirada. De esta no hay quién nos salve -dijo Benito. Jimena le dio un codazo para recordarle que el hijo de la esTitirada seguía presente.- ¡Ay, mare mía, mare mía, que acabo de arreglarlo!
domingo, 17 de junio de 2007
Capitulo 7: Tocado y Hundido
-¿Estás bien, Triz? -casi le susurraba Gonzalo.
-No. No estoy bien. Y tú tampoco lo estás. A pesar de esa fachada de caballero andante, estás tan destrozado como yo.
-Sí -admitió, sin dejar de mirarla a los ojos.- Hoy le hemos roto el corazón a alguien que significa mucho para los dos.
-¡Ha sido con diferencia el peor día de mi vida!
-¿Peor que aquel momento de las revelaciones en el baño?
-Es mucho peor ser el causante del sufrimiento de alguien que ser la víctima. ¡¡¡Te lo puedo asegurar!!!
-¿Te arrepientes de todo esto? -preguntó Gonzalo, con gesto apesadumbrado.
-Nooo, Gonza, no pienses eso. Es sólo que me gustaría que mi felicidad no se cimentara en la desdicha de otros, y mucho menos si ese otro es Álvaro.
-Lo sé.
Gonzalo le lanza una de sus picaronas sonrisas y le dice en tono jocoso:
-Aún me dan escalofríos cuando te oigo llamarme Gonza.
-Si quieres, no lo hago -le dice ella, acercándose a su cara en un susurro.
-¡¡¡Ni se te ocurra!!! -le dice, siguiendo con la broma.- Dímelo muchas veces y así me acostumbraré. Me gusta.
Gonzalo le da un beso en la frente, le recompone el pelo un poco y le arregla el cuello de la camisa antes de levantarla en el aire, como dando una vuelta, para ayudarla a bajar.
Bea aun conserva algo de preocupación en su cara.
-Intentaré hablar con él más adelante, Bea, te lo prometo. Álvaro es una persona muy importante en mi vida y necesito que entienda que no hago esto por capricho -trató de tranquilizarla. - Anda, vamos a bajar a tomar una tilita, que buena falta nos hace.
-¿Con toda esa gente ahí esperando saber? Gonzalo, deberíamos irnos a casa.
-No, no,... Si nos vamos será peor. Además, quiero hacer un último intento con Álvaro y si me marcho ahora, tal vez no tenga el valor de volver.
Gonzalo abrió la puerta del baño para franquear el paso a Bea justo cuando Álvaro acababa de cerrar la suya. No lo habían visto.
Álvaro entró en el baño, segundos después de que la pareja saliese.
Se acercó al lavabo, abrió el grifo y se echó agua fría en la cara. Sintió como si la respiración se le cortase, como si su corazón se negase a latir a un ritmo adecuado sabiendo que tenía la confirmación de su peor pesadilla.
Gonzalo y Beatriz, su Bea.
Mientras los observaba recordó un momento parecido con Bea. En su fiesta de disfraces, cuando Bárbara le estrelló la tarta en la cara y él la acompañó al baño para ayudarla a limpiarse.
¡Había estado tan ciego! ¡Había sido un idiota, un tonto, por no reconocer el amor cuando lo tuvo delante, por no tener el valor de admitir que Beatriz era la mujer que amaba! Y ahora la había perdido, irremisiblemente. No había opción para él después de lo que había visto en el baño.
Hasta ese momento, dudaba de todo lo que le habían contado tanto uno como otro, porque le parecía demasiado precipitado todo. Bea se marchó de Bulevar hacía casi un año y Gonzalo sólo estuvo desaparecido seis meses como mucho.
¿Cómo iba Bea a perdonar a Gonzalo, creer en sus palabras, darle la oportunidad de cortejarla, enamorarse y comprometerse en sólo seis meses? Pero si alguien era capaz de hacer eso, Gonzalo era ese alguien.
Recordaba que fue él quien le aconsejó al principio cómo acercarse a Beatriz, cómo dar cada paso en aquella horrible mentira que ahora desearía fuera real,... Tal vez Gonzalo conocía mejor a Bea de lo que él mismo lo hacía. Quizás su amigo también sintiese algo por ella mucho antes de tener el valor de reconocérselo a sí mismo.
Le hervía la sangre con sólo saber que Bea podría estar en brazos de otro hombre, y el sufrimiento era mayor porque deseaba sobre todas las cosas la felicidad de Bea y el propio Gonzalo, pero seguía sintiéndose traicionado. Por los dos.
Esa lucha interna estaba a punto de desgarrarlo por dentro para siempre.
Con Álvaro en el baño, el equipo de limpieza de Bulevar 21 entró en el despacho por orden de Sonsoles y se dedico a poner un poco de orden en aquel desbarajuste.
-¡Ay, Alvarito, Alvarito! Tocado y Hundido -se dijo Sonsoles a sí misma.
-¿Tú crees, Sonsoles? -dijo, apareciendo a través de la puerta del baño.
-¡Hijo de mi vida! -se asustó la nueva jefa.- No vuelvas a hacer eso nunca más en tu vida...
-Lo siento, no pretendí asustarte.
-Álvaro, este desbarajuste es la prueba evidente de que no estás en tu mejor momento. ¡Y que conste que no te culpo! ¡Casi me dan ganas de adoptarte a tí también!
-Tú sabías que el prometido era Gonzalo, ¿verdad?
-¡Ahí te equivocas, hombretón! Porque Bea ha llevado todo esto con un hermetismo que ríete tú de las reuniones de tupperware.
-Pensaba que os lo contabais todos.
-No, vida, no. Bea y yo somos respetuosas con nuestras intimidades. Contamos lo que queremos contar. Bueno... En realidad, te estoy mintiendo un poco. Es que me da tanta penilla verte así. Bea me pidió que no dijese nada.
-Creo que se quieren de verdad.
-Bueno, todos sabemos que Gonzalo es... muy Gonzalo, pero no es mala persona. Tiene buen fondo, pero se deja llevar por esas cosas suyas y se le va la cabeza y... Bea le hará mucho bien.
-Sí.
-¡Uich! Perdóname. Tú aún superando el momento y yo venga a macharte el ego con esta historia.
-¿Puedes dejarme solo, por favor?
-Sí, claro.
Sonsoles salio del despacho de Álvaro y se llevó consigo a todo el equipo de limpieza al completo.
En la cafetería, todos estaban sentados alrededor de una mesa.
-¿Qué pasó con Álvaro al final, Bea? -preguntó Chusa.
-Sí, alma cándida -siguió Elena.- Que saliste del despacho hecha un misto y no pudimos preguntarte.
-Álvaro y yo tuvimos unas pequeñas diferencias -comentó Gonzalo, para evitarle el mal trago a Beatriz.
-Pues, muy pequeñas no debieron ser cuando casi desmonta Bulevar -insistió Jimena.
-Debemos respetar la intimidad de Álvaro y Gonzalo. Son amigos. Seguro que fue una tontería y lo arreglan enseguida -aconsejó Marga.
-¿Y lo del anillo, qué? ¿Nos lo cuentas o no? -apuntó Chusa.
-Beatriz, creo que deberíamos irnos ya -terció Gonzalo.- Si no queremos llegar tarde.
-¿Tarde? ¿A dónde vais vosotros dos? -preguntó Jimena.
-Es que Beatriz me va a ayudar con un tema del notario. Necesito que revise unos papeles de una compra de acciones y...
-Buenas tardes, chicas.
-Adiós, guapa -dijo Chusa, dándole un besito.
Gonzalo y Bea salieron del edificio en dirección al parking.
Las del 112 no se quedaron muy conformes con la explicación.
-No os parece un poco raro lo de estos dos -preguntó Elena.
-Pues no sé... Gonzalo está muy raro y Bea muy silenciosa.
-¡Anda, Chusa, que acabas de descubrir América, hija! -le espetó Elena.- Gonzalo ha sio raro toa su vida y la Bea no es famosa por dar discursos precisamente! Yo sigo diciendo que aquí hay gato encerrao.
Benito entró como una exhalación, casi sin aliento y grito:
-Chicas, chicas, chicas. ¿No os vais a creer lo que he visto?
-¡Miedo me das, Benito! -dijo Elena.
- A ver, qué te ha pasao ahora, ricitos -le pidió Jimena.
-Pos na que estaba yo con el mustang en el puesto pa ver si me hacía una rebajita en la revista de informática y en la suscripción a "El fascinante Mundo del Becario" porque con los 240€ que gano casi no me llega y pa una distracción que tiene uno no es plan...
-¡Benitooo! -gritaron todas a coro.
-¡Ah, sí! Que vaya al grano, ¿no? Pos na que me vuelvo y veo a Bea y pensé en ir a saludarla cuando al cabo de unos segundos parece Gonzalo...
-¿Yyyyy? -coinciden todas de nuevo.
-¡Benito, hijo! Abrevia -le recrimina Marga.- que a este paso me jubilo y tu todavía sigues contando.
-Pos que he visto a Gonzalo coger de la manita a Bea.
-¿Queeee? -de nuevo, las de 112 a coro.
-¡Qué fuerte! -exclama Chusa.
-¡Muy fuerte! -le siguen las demás.